miércoles, 21 de agosto de 2013

Al final de algunos días




AL FINAL DE ALGUNOS DÍAS…

Al final de algunos días
siento
el peso del planeta en mis espaldas
y la sangre agobiada
por tanto desacierto.
Al final de algunos días,
necesito escribir…
Escribir estos signos
estas letras,
que son mi identidad secreta,
mi armadura
y también
la puerta de mi alma
(que a veces alguien abre
y puede llegar donde yo no puedo).
Escribir para doblegarme,
escribir y escribir…
Escribir y continuar escribiendo;
a los sueños que me sueñan
a las furias que me hieren
al amor que me sostiene.
Continuar escribiendo
porque la escritura
es la única forma de acabar conmigo.

Aníbal Crespo Ross (Bolivia, 1948)

lunes, 25 de marzo de 2013

Reunión de té - Harold Pinter



Reunión de té
Harold Pinter

Mis ojos empeoran.
Mi oculista mide poco menos de uno ochenta. Tiene un mechón blanco en el cabello, uno, nada más. En su mejilla izquierda hay una manchita café. Sus lentes tienen fondo azul oscuro. Cada uno tiene arillo de oro. Ambos son idénticos. La alfombra hindú tiene una profunda quemadura negra de cigarrillo. Sus ayudantes usan bifocales y miran a una mujer. A través de las cortinas oigo el canto de los pájaros de su jardín. De vez en cuando su esposa pasa vestida de blanco.
Él se muestra escéptico sobre mi molestia en los ojos. Según me dijo mis ojos son normales. Incluso más que normales. No hay síntomas de que yo esté perdiendo la vista.
Mis ojos empeoran. No es que no vea. Claro que veo.
En mi trabajo me va bien. Mi familia y yo estamos en buenos términos. Mis dos hijos son mis mejores amigos. Mi esposa me ama. Me llevo bien con toda mi familia, incluyendo a mi padre y a mi madre. Con frecuencia nos reunimos y oímos a Bach. Cuando viajo a Escocia los llevo conmigo. El hermano de mi esposa vino una vez con nosotros y me resultó muy útil.
Tengo mis pasatiempos, uno de los cuales es servirme de un martillo y de clavos o de un desarmador y tornillos, o de varios serruchos para construir piezas de madera, cositas en apariencia sin valor a las que les busco alguna utilidad. Pero no es tan fácil hacer esto cuando ves doble, o cuando uno de esos objetos te deja ciego o cuando no puedes ver nada o cuando uno de esos objetos te deja ciego.
Mi esposa es feliz. Soy imaginativo en la cama. Hacemos el amor con la luz prendida. La miro detenidamente, ella a mí. Amanece con los ojos brillantes. Puedo verlos a través de sus gafas.
Todo el invierno el cielo estuvo despejado. Llovía por las noches. En la mañana amanecía claro. Mi remate era mi arma más fuerte. Colocado para enfrentar al hermano de mi esposa, frente a la mesa de ping pong, la raqueta ligeramente agarrada, mi muñeca relajada, esperaba su saque observándolo (extrañado) para que tirara y le contestara, para dejarlo confuso y molesto. Mi saque no era tan bueno, tan rápido. En consecuencia él iba contra mi saque. Se oía un timbre en el salón, el raspar de hule en las paredes. En consecuencia él iba contra mi saque. Pero una vez colocado a la derecha de la mesa con todo el peso de mi cuerpo listo para contestar podía usar mi golpe de dorso, imbatible y observarlo abanicar, fallar y darse por vencido. Eran juegos reñidos. Pero ahora no me resulta tan fácil cuando veo dos pelotas o simplemente al no percibir la bola avanzando tan fuerte que me llega a cegar.

martes, 29 de enero de 2013

Somos semejantes...



“Mamihlapinatapai” 

Es una palabra que usaban los yaganes, la etnia que habitó en el sur y el oeste de Tierra del Fuego. Se trata de uno de los vocablos más difíciles de traducir a otras lenguas. ¿El significado? Es “una mirada compartida por dos personas que desean que el otro inicie algo que ambos quieren, pero que ninguno pretende comenzar”.

Del semiólgo Marc Angenot