martes, 10 de marzo de 2015

Henry Miller - El puerto de Poros


Estoy en Atenas. El invierno se echa encima. La gente me pregunta: -¿Ha estado en Delfos? ¿Ha estado en Santorini, ha estado en Lesbos, Samos o Poros? Yo no he estado prácticamente en ninguna parte, no he ido más que a Corfú. Un día he llegado hasta Mandra, que está más allá de Eleusis, en el camino de Megara. Afortunadamente, la carretera estaba cortada, y tuvimos que volver. Digo afortunadamente porque aquel día, si hubiese recorrido otras pocas millas, habría perdido completamente la cabeza. En otro aspecto estaba viajando mucho; la gente venía a los cafés y me contaba sus viajes; el capitán siempre volvía de una nueva trayectoria; Seferis estaba escribiendo siempre un nuevo poema, que penetraba profundamente en el pasado y llegaba hasta la raza de las siete raíces; Katsimbalis, en sus monólogos, me llevaba hasta el Monte Athos, a Pelbon y Ossa, a Leonidion y Monemvasia; Durrell me enloquecía con sus aventuras pitagóricas; un pequeño galés, recién llegado de Persia, me arrastraba a las altas mesetas, y me depositaba en Samarcanda, donde hallaría los jinetes sin cabeza, llamados Muerte. Todos los ingleses que conocía, estaban siempre volviendo de alguna parte, de alguna isla, de algún monasterio, de alguna ruina antigua, de algún lugar misterioso. Yo estaba tan turbado por todas las oportunidades que se me presentaban, que me hallaba paralizado.
Luego, un día, Seferis y Katsimbalis, me presentaron al pintor Ghika. Yo vi una nueva Grecia, la Grecia quinta-esencial que el artista había abstraído del barro y confusión del tiempo, el lugar y la historia. Tuve una visión bifocal de este mundo que me estaba causando vértigos con nombres, fechas y leyendas. Ghika se ha colocado en el centro de todo tiempo, en la eterna Grecia, que no tiene fronteras, límites ni edad. Los lienzos de Ghika son tan frescos y limpios, tan puros y desnudos de toda pretensión, como el mar y la luz que bañan las islas deslumbrantes. Ghika es un buscador de luz y de verdad: su pintura va más allá del mundo griego. La pintura de Ghika fue la que me despertó de mi deslumbrado estupor.