miércoles, 2 de septiembre de 2015

un cuento de Rubén L. Makinistian



Vamos, vejete... no seas quisquilloso

El otro día, al salir de la sesión de terapia familiar Sharon, Ringo y yo, subimos al auto y les dije malhumorado:
-Ésta fue mi última vez.
Sharon me dijo:
-No me extraña, porque el psicólogo defendió a tu hijo.
-Me importa un cuerno si lo defendió o no. No vengo más.
Ringo me dijo:
-Vamos, vejete... no seas quisquilloso.
-No me rompás, que te tengo entre ceja y ceja.
Sharon me dijo:
-No te la agarrés con el nene, que no te hizo nada.
-No... salvo obligarme a venir a terapia.
-¡Él no te obligó!
-Ah, ¿no? ¿Y quién hizo las boludeces que hizo en la escuela?
Ringo me dijo:
-No fue para tanto, viejo. Es la preceptora, que no tiene onda.
-¡Por supuesto, porque vos sos un santo!
Sharon me dijo:
-No, no es un santo, pero tampoco es un adulto.
-Me chupa lo que sea o no sea. Lo único que sé es que acá no vuelvo.
Ringo me dijo:
-Te ricordo, viejito, que la que nos mandó a hacer terapia fue la rectora.
-¡Y a mí qué! ¡Sos un pelotudo!
Sharon  me dijo:
-¡No te zafés! ¡Cuidá la boca!
-¡Y vos terminala de una vez con eso de estar siempre metida entre él y yo!
Ringo me dijo:
-En esta época, a mi edad aún se es una criatura, viejito.
-¡Parala con el viejo, viejito, vejete... que me las tenés hasta las rodillas!
Sharon le dijo:
-No le contestes, bebé. Está descontrolado.
Le dije a Ringo:
-Hacele caso a mami, bebé, no me contestes que estoy descontrolado.
Ringo me dijo:
-Te ponés nervioso y después te hace mal, te da acidez.
-No me pongo nervioso... ¡me ponen nervioso ustedes, vos y tu madre!
Sharon me dijo:
-Escuchalo a Ringo... calmate.
Les dije:
-No vengo más... No me lo pidan porque no vengo más.
Ringo me dijo:
-¿Y si te psicoanalizás, viejo?
-¿Y si te vas a cagar, pendejo?
Sharon nos dijo:
-Sigan, sigan... total yo soy la que paga los platos rotos.

Del libro Cuentos del baúl/Un poema, 2015