martes, 19 de julio de 2016

Un poema de Rubén Makinistian


Aprendí II

Alan miró a Ingmar, y éste leyó a aquél.

Yo, como Bergman, leí a Watts,
y, como éste, miré a aquél...
y, gracias al espíritu docente de ambos, aprendí:
que si el viento se detuviera para que nos 
apoderáramos de él, dejaría de ser viento;
que retando a jugar al ajedrez a la muerte
se gana tiempo para ejecutar aunque más
no sea un acto que le dé sentido a la vida;
que no hay libertad personal hasta tanto
no abolimos las circunstancias y las ilusiones;
que las relaciones nacen torvas, amenazantes, 
o se deterioran, porque en vez de decirnos
optamos por el silencio, los gritos, los susurros;
que el único gurú que nos trampea,
y que puede que no lo haga, es uno mismo;
que los agravios recibidos de niño nunca se olvidan;...

(Maurice Maeterlinck me enseñó
que hay pájaros azules;
María Zambrano, que en el principio era el delirio;
y Paul Celan, que la poesía puede ser suficiente
-Una red atrapó a una red:
nos separamos abrazados.

En el manantial de tus ojos
un ahorcado estrangula la cuerda-
para tachar el dolor.)

Rubén León Makinistian. Del libro Todo es prestado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario